[experimento rw]
hace dos amaneceres descubrí que un zorro apareció en mi jardín: de su cuerpo pendía una cola extensa como una lluvia atormentada, y le adornaban la cara un par de ojos negros inteligentísimos: el primer día me acerqué con sigilo descuidado, aunque alegre: le dije: “hey, zorrito, ven aquí, tengo un cuento para contarte”: “hey, que te lo quiero contar”: al siguiente amanecer, aún sin reponerme de su reciente desaire, repetí: “hey, zorrito, que te cuento una historia bella”: “hey, zo…”: el zorro fiero-ojos-negros-cola-atormentada habló (¡habló!): “hey, guiñapo, que soy un zorro, ¿no lo entiendes?, que siendo zorro tu historia no entiendo, y sólo quiero comer tu jardín”: desconcertado, desperté a la orilla del bosque, con la cola atormentada, con los ojos inteligentísimos, con la boca llena de hambre de jardín: ¿quién soy yo?

“hey, zorrito…”









