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Zorrito de cola atormentada septiembre 20, 2009

Filed under: mono lee — zoobloguer @ 2:18 am
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[experimento rw]

hace dos amaneceres descubrí que un zorro apareció en mi jardín: de su cuerpo pendía una cola extensa como una lluvia atormentada, y le adornaban la cara un par de ojos negros inteligentísimos: el primer día me acerqué con sigilo descuidado, aunque alegre: le dije: “hey, zorrito, ven aquí, tengo un cuento para contarte”: “hey, que te lo quiero contar”: al siguiente amanecer, aún sin reponerme de su reciente desaire, repetí: “hey, zorrito, que te cuento una historia bella”: “hey, zo…”: el zorro fiero-ojos-negros-cola-atormentada habló (¡habló!): “hey, guiñapo, que soy un zorro, ¿no lo entiendes?, que siendo zorro tu historia no entiendo, y sólo quiero comer tu jardín”: desconcertado, desperté a la orilla del bosque, con la cola atormentada, con los ojos inteligentísimos, con la boca llena de hambre de jardín: ¿quién soy yo?

Zorrito

“hey, zorrito…”

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1, 2, 3, cuento #1 abril 28, 2009

Filed under: mono lee — zoobloguer @ 8:08 am
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La soledad y la hormiga

El problema de la soledad es curioso. Comienza en el pequeño pueblo de las causas y termina en la gran ciudad de los efectos. Bajo circunstancias inciertas, concluyen importantes expertos en el tema, la soledad hace escalas entre la sutilidad y la desesperación.

Ayer conocí una hormiga que a primera vista me pareció solitaria.  “Un caso raro”, me dije, “la hormigas no suelen andar solas así nada más porque sí”. Me atreví a preguntarle su nombre y situación actuales.

– “Soy Ge. Quiero estar sola.”
– “Vaya. Una hormiga que prefiere estar sola.” Pensé.

Entonces fue que, como que no quiere la cosa, le conté un chiste. Aquél de los calzones rotos y el pez dorado que viven felices para siempre.

Su expresión de asco me lo dijo todo. La dejé con el rostro desencajado. Aún no comprendo si fue resultado de una ofensa personal o simplemente no tuve gracia para conducir el chiste. Ge se despidió a toda prisa luego de gritarme cuatro diferentes groserías y enviarme la misma cantidad de señales obscenas.

Ge, la hormiga que andaba sola

Ge, la hormiga que andaba sola.

Decidí despertarme en ese momento. Fue así que reconocí, duramente, por cierto, que la soledad y las hormigas no son buenos compañeros de viaje ni amigos del buen humor. Esto se lo conté a mis nietos, quienes quedaron complacidos con cada detalle.

Desperté una vez más para recitar “Fly me to the moon” con el pecho henchido y la garganta cansada.

Así terminó mi día. De modo que preferí irme directo a la cama. Ge, la hormiga solitaria, ya no me molestaría en este mi nuevo y apacible mundo de cuatro paredes.

Dormí, por fin.

# M. L.